Raimundo Viejo Viñas

Autor, profesor, editor, teórico, ciudadano activo, papá y mucho más.

May

28

Nota 26 ¿Deliberación o interacción?


¿Qué sucede si se nos plantea la cuestión de la imagen? Si alguien nos dice «No pienses en un elefante», ¿en qué hemos pensado? La idea de que el lenguaje es neutral y las palabras se correlacionan unívoca e inequívocamente en un mundo real con sus significados es una de las premisas falaces más arraigadas e ideológicas que informan el pensamiento político. El lenguaje es un campo de batalla en sí mismo. Y para cuando se puede operar con él un debate democrático lo cierto es que ya viene estructurado de antemano por el contexto cultural en que vivimos. Las implicaciones de esto para las democracias es de la mayor importancia en la actualidad. Frente al ideal de una esfera pública en la que la ciudadanía delibera libremente sobre la base de argumentos razonados, lo cierto es que se impone una proliferación exponencial de fake news, malas prácticas, manipulación de la opinión, etc. ¿Hacia dónde queremos que se oriente la política democrática y cómo queremos que se organice si la deliberación colectiva es una dimensión tan imprescindible como la posibilidad de participar en las decisiones, ocupar los cargos públicos, etc.?

Marcos interpretativos y comunicación política

Aunque popularizado por el ensayo de George Lakoff, No pienses en un elefante, el concepto de frame o marco interpretativo, acuñado originalmente por Erving Goffman en su obra Frame Analysis, está revolucionando la comprensión de la política de un tiempo a esta parte. Con el progreso de las redes sociales y la comunicación mediada por los algoritmos, lo cierto es que este concepto viene a dar cuenta en el terreno empírico mucho mejor que las concepciones fuertemente normativas sobre la deliberación democrática. La idea de frame básicamente remplaza al argumento deliberativo con la producción de unidades culturales de significado disponibles para cada individuo a la hora de conferir sentido a una situación cualquiera.

En lugar de deliberar a la manera de los sofistas de la antigüedad o de los grandes oradores parlamentarios de la modernidad, la economía de la comunicación nos aboca hoy a resolver el manejo de una cantidad ingente de información que, antes que reflexionada por medio de la crítica, evaluando los argumentos, informaciones, etc, debe ser organizada de forma eficaz para resolver decisiones. La presión informativa sobre la ciudadanía hace que la influencia del sesgo de confirmación sobre la opinión pública vaya en aumento. Al tenerse que procesar unas cantidades de información muy superiores a las tradicionales, cada individuo se ve en la exigencia de organizar, clasificar y prescindir de todo aquello que no sea de utilidad inmediata en un entorno muy concreto. Sucede así que, a la par que se produce la fragmentación de la sociedad en compartimentos estancos que no dialogan entre sí, se acaban produciendo burbujas de opinión acerca de las posibilidades políticas de adoptar decisiones que al poco se demuestran errores de envergadura inducidos por estados de opinión emocionalmente inducidos.

Efectos de la interacción sobre la política democrática

Entre el estallido de la Primavera Árabe de 2011 y las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 la política democrática experimentará en su esfera pública una de las mutaciones más importantes que haya conocido. Sus resultados siguen en curso, abiertos, y sin que se sepa exactamente cuáles van a ser sus efectos sobre la tensión entre democratización y desdemocratización que caracteriza las democracias realmente existentes. Por un lado las redes sociales y las expresiones de la tecnopolítica favorecieron procesos de democratización a lo largo y ancho del mundo (Primavera Árabe, 15M, Occupy Wall Street, etc.), por otra han supuesto también la emergencia de fuerzas de carácter reaccionario que han basado su éxito en el recurso a la misma infoesfera.

Hoy por hoy está por ver hacia donde se declina la política y si finalmente hay una acomodación de los viejos actores del régimen a estas nuevas realidades de la comunicación política o si, por el contrario, son otros protagonistas (en conjunción con los de siempre o erradicándolos) los que acaban produciendo la readaptación del régimen político. Lo cierto es que, tanto por lo que hace al conflicto en Catalunya como por lo que hace a la emergencia de Vox y una extrema derecha o el destino de las fuerzas políticas nacidas al calor del 15M, la complicación del panorama político actual no parece desligable de las mutaciones que se están operando en la infoesfera y la manera en que dichas mutaciones altera los viejos patrones de deliberación característicos de la esfera pública del régimen del 78.