Raimundo Viejo Viñas

Autor, profesor, editor, teórico, ciudadano activo, papá y mucho más.

Ene

13

Entrevista sobre Vox


A menudo recibo mensajes de estudiantes que se ven en la tesitura de realizar un trabajo de curso y necesitados de una opinión «experta». En esta ocasión me han preguntado por uno de los temas de moda: Vox y el auge de la extrema derecha. Aunque algo apurado y lejos de dedicar todo el tiempo que sería preciso para responder las preguntas en condiciones, aquí está el resultado. Confío que sea de interés y nos ayude a pensar un fenómeno tan grave como preocupante

Defina a Vox. ¿Qué perfil de partido es? ¿Derecha, extrema derecha, fascismo, franquismo, liberales?

Vox es un partido reaccionario, ubicable en el extremo derecho de la metáfora espacial que prefigura el eje izquierda/derecha, ideológicamente derivado de la amalgama ideológica que fue el franquismo, con componentes fascistas, nacional-católicos, monárquicos, tradicionalistas, autoritarios, militaristas, etc. Estos componentes son combinados y modulados de acuerdo a las necesidades del contexto actual. Debido a esto último ha incorporado un programa económico basado en un neoliberalismo reaccionario que asienta su proyecto en el horizonte posterior a la hegemonía neoliberal.

¿Qué ha dado alas a la extrema derecha en el contexto internacional? ¿Qué ha pasado en el mundo para que ahora haya dirigentes como Trump, Bolsonaro o hasta hace poco Salvini, y serios candidatos a acceder al poder como Le Pen?

Han tenido lugar muchas cosas, pero señalaría cuatro vectores fundamentales para inscribir el análisis de la emergencia del “neoliberalismo reaccionario”. En primer lugar el fin de la Guerra Fría echó por tierra los fundamentos ideológicos de la hegemonía neoliberal y puso en cuestión la prédica del “fin de la Historia” y su axioma principal: el antagonismo había pasado a la Historia porque democracia y mercado realizaban una combinación insuperable. En segundo lugar, la impugnación de este “realismo capitalista”, al decir de Mark Fisher, venía acompañada del movimiento altermundialista que, con epicentro en Porto Alegre, desplegaría la ola global de movilizaciones que hizo posible el ascenso al poder de los gobiernos progresistas de América Latina (es de notar que, en Europa, este movimiento se agotaría sin por ello alterar los movimientos pendulares de centroderecha a centroizquierda). En tercer lugar, una nueva ola global que comenzaría en Grecia, pasando por la Primavera Árabe, Generação à rasca, 15M, Occupy, Parque Gezi, Yo soy 132, etc., impactaría en un sentido progresista a la par que ahondaría en la crisis del proyecto neoliberal. En la Europa mediterránea, especialmente allí donde el antagonismo había cobrado cuerpo, emergen proyectos como Syriza o Podemos y/o se produjeron cambios en sentido progresista más allá de los límites en que había operado la socialdemocracia de los 80 y 90 reconvertida en una declinación más o menos progresista del neoliberalismo. Sin esta secuencia y desplazamiento (antagonismo, giros a la izquierda, emergencia de actores reaccionarios) no se pueden entender el auge de los distintos actores políticos que dan cuerpo al neoliberalismo reaccionario.

¿A nivel nacional qué ha pasado para que Vox haya crecido tanto? ¿El conflicto en Cataluña, la llegada de refugiados, el movimiento feminista? ¿Se trata de un efecto péndulo de un grupo que ve amenazado el statu quo y su idea de una España homogénea y conservadora?

Vox existe de mucho antes de tener el éxito actual. Se presentó por primera vez al mismo tiempo que Podemos. Sin embargo, necesitaría del éxito de este, impulsado en la estela del 15M, para que se fuese articulando su ascenso electoral. De hecho, este último solo empezaría a producirse cuando la primera respuesta reactiva a Podemos, Ciudadanos, entró en la crisis que Vox mismo habría de catalizar de forma crítica para los del partido naranja. Cronológicamente Vox es anterior, por tanto, al feminismo de la última ola (ciclos del (8M, Juicio de La Manada, etc.). De igual modo lo es también respecto al ecologismo emergente (Fridays for Future, contracumbre por el cambio climático, etc.). Sin embargo, a nadie escapa que como interfaz reaccionario en la esfera del gobierno representativo, Vox se alimenta de la negación frontal, abierta y difamatoria de estos movimientos sociales. Por su propia condición “contrarrevolucionaria” (en el sentido que explica Paolo Virno) su éxito se instancia en el éxito del avance progresista, poniendo en cuestión sus logros y abriendo el campo político a unos niveles de antagonismo que hacen implosionar a las fuerzas progresistas moderadas y de centro por su propia incapacidad de afrontar este mismo grado de polarización en la sociedad. El derrumbe de Ciudadanos, pero también aunque en menor medida, la pérdida conjunta de diputados de PSOE y Podemos es buena muestra de unas limitaciones que van más allá de los márgenes del régimen del 78 sobre el que se intentan parapetar por una tensión antagonista ascendente.

¿Qué postura cree que deberían tomar los medios? ¿Cree que es lícito darles altavoz sin que haya un filtro, sin poner en contexto o hacer crítica? ¿Ponerles micros y cámaras y darles vía libre para extender su discurso?

Los medios están en su perfecto derecho de hacer lo que consideren oportuno, pero cuesta deslindar el ascenso de Vox, por ejemplo, del tratamiento mediático que algunas televisiones facilitaron a este partido. Nada nuevo, toda vez que también Podemos antes o Ciudadanos, como fuerzas emergentes, se beneficiaron de ser novedad mediática. Pensar que los medios vayan (no digamos deban) actuar de manera “íntegra” o “moral”, de acuerdo a limitaciones prestablecidas por los valores normativos democráticos es ignorar cómo funcionan los medios en las socialdes capitalistas de las que son una de sus expresiones más acabadas. Los medios median, son actores políticos, por más que se pretendan neutrales y objetivos. Por eso hay que saber jugar con ellos y ganar la batalla del discurso público. Formaciones ideológicamente tan dispares como Podemos, Ciudadanos o Vox demuestran que conseguir buenos resultados comunicativos no dependen del sesgo ideológico del emisor del discurso, sino de su habilidad política. Personalmente puedo considerar que no es deseable dejar que se difundan en los medios discursos falaces. Pero siempre me preocuparía mucho más que existiese un sistema de censura.

¿Qué herramientas electorales utiliza este tipo de extrema derecha? ¿Demagogia, populismo, fake news, terreno identitatio (símbolos patrióticos, «contra la dictadura progre» etc)?

En efecto, emplea recursos comunicativos que se sirven de la apropiación de símbolos que deberían ser comunes, no vacilan en recurrir a mentiras manipuladoras intencionales (“postverdad”), despliegan todo tipo de argumentos carentes de fundamento lógico, exprimen prejuicios seculares ampliamente extendidos, etc. El neoliberalismo reaccionario no nace de la nada sino que pone sus cimientos en las historias nacionales de los distintos países, arraigando en marcos culturales de referencia previos innovaciones discursivas que ofrecen a las audiencias nuevos marcos de interpretación de la realidad actual. Son por ello mismo fuerzas chauvinistas, patrioteras y tendentes a la exaltación identitaria. De ahí que se alimenten de los movimientos que cuestionan el marco cultural tradicional de la sociedad.

¿Se podría decir que la gente ha perdido la confianza en el sistema político tradicional y por eso surgen estos outsiders?

Me cuesta verlos como “outsiders” cuando han sido enormes beneficiarios del lado más corrupto y oligárquico del régimen del 78. Basta con pensar en quienes son Abascal y resto de líderes. Vox, de hecho, nace dentro del PP, no outside. A mi modo de ver, más que la gente, quienes parecen haber perdido la confianza en el régimen para resolver la defensa de sus intereses son las facciones de las oligarquías y tecnoestructuras que han generado las condiciones de posibilidad para encauzar, domesticar y poner a su servicio los movimientos antagonistas de las últimas décadas. En ellos es donde se encuentra el cuerpo social. Los electorados de estas fuerzas reaccionarias son directamente los perjudicados del progreso material de las luchas que ha desplegado la gente contra la austeridad. Aunque por razones de interés discursivo se pretenda dar la sensación de que existe un arraigo popular de estas fuerzas reaccionarias lo cierto es que son prácticamente por completo deudoras electorales de las escisiones más reaccionarias y elitistas de las fuerzas conservadoras tradicionales. A ellas deben su auge. Quizá también en ellas se encuentre su techo.

¿Cual es el perfil del votante de vox? ¿Ha leído o comparte el contenido del programa? ¿Es un votante convencido?

Es un perfil identificable con el mundo sociológico de lo que inicialmente Podemos llamaba “casta”. La España de los santos inocentes, incluyendo, por descontado los segmentos sociológicamentes de clase inferior, pero subalternos de esa elite. No creo que el votante de Vox, ni prácticamente ninguno, lea el contenido de los programas. Los electorados en nuestros días se mueven por los ítems de campaña que los partidos suelen colocar con sus mensajes en los grandes medios de comunicación. De lo que sí estoy seguro, en este sentido, es que el electorado de Vox ha experimentado en muchas ocasiones un alineamiento de marcos interpretativos muy intenso y hasta diría que epifánico. Precisamente por la parte “revolucionaria” que tiene como partido contra-revolucionario, escuchar a Vox ha supuesto para su electorado seguramente una experiencia de algún modo parangonable a una liberación cognitiva, un descubrir “por fin alguien que dice las cosas como son”. No es sorprendente. Las exigencia de moderación que conducían al Partido Popular a emitir un discurso de centroderecha hicieron vivir a buena parte de su electorado más derechista una experiencia frustrante durante décadas. Ahora han encontrado un discurso con el que sintonizan de manera mucho más consistente y satisfactoria, por lo que el Partido Popular va a tener que buscar la manera de combinar y seducir a este electorado huido hacia el extremo derecho.

En Vox se definen como liberales pero a su vez tienen propuestas de raíz tan totalitaria como ilegalizar otros partidos o los vetos a la prensa. ¿Tienen una visión sesgada del concepto libertad y lo usan en función de sus intereses?

La ilegalización de partidos no es exclusiva del totalitarismo. Baste con pensar en las ilegalizaciones en Alemania o aquí mismo, sin ir más lejos, de las candidaturas de la izquierda abertzale. A mi modo de ver en este sentido no hay tanto un salto cualitativo cuanto una exacerbación de lo que ya hemos visto en estas décadas de democracia. Son de alguna manera una caricatura de los excesos del régimen del 78 en sus momentos más exaltados de mayorías absolutas (de la ley Corcuera a la ley mordaza, pasando por el despliegue represivo contra el MNLV). Pero por más grotescos que puedan parecer a los ojos de la cultura política del régimen del 78 no dejan de ser un hijo suyo; su declinación en tiempos que anuncian la exigencia de la excepción para sostener el orden. Su concepto de libertad en una inmensa medida no es discernible del de otras fuerzas políticas. Parten de una concepción liberal de la libertad como no-interferencia a la que incorporan, eso sí, un celo excesivo por el recurso a la suspensión de las libertades y derechos de acuerdo a marcos de excepcionalidad siempre invocados en aras de la defensa de lo que consideran “su” patria. A mi modo de ver el sesgo es más de orden represivo y límite a la libertad que de carácter matricial. De ahí que defienda su caracterización como un neoliberalismo reaccionario antes que como un (neo)fascismo o un totalitarismo propiamente dicho.