Raimundo Viejo Viñas

Autor, profesor, editor, teórico, ciudadano activo, papá y mucho más.

Mar

19

Nota 10 participación y calidad democrática


Barcelona, Asamblea del 15M

Todo régimen democrático comporta la combinación en distinto grado y manera de una triple dimensión de su procedimentalidad: deliberativa, por cuanto no hay democracia sin debate público orientado a la toma de decisione; participativa, pues no hay democracia sin opción a tomar la palabra, expresarse, asociarse, etc.; decisoria, toda vez que, a fin de cuentas, se trata de tomar decisiones de forma compartida.

Si partimos de esta premisa, no es difícil ver cómo las democracias del mundo se ubican en base a estas coordenadas. Las hay así más participativas, como Suiza, donde los instrumentos de participación ciudadana se encuentran altamente desarrollados. Otras democracias, como Alemania, son más bien tendentes a una alta calidad deliberativa, con una opinión pública informada y exigente. Por último, encontramos también aquellas democracias como el Reino Unido, donde la toma de decisiones del gobernante es facilitada por medio de recursos institucionales que, como la ley electoral, habilitan importantes márgenes para la acción de gobierno.

Triángulo de la calidad democrática

La democracia en España, como hemos visto en sesiones precedentes, tuvo origen en un cambio de régimen procedente del autoritarismo franquista y se concretó por medio de la conocida «correlación de debilidades»; expresión acuñada por Manuel Vázquez Moltalbán para señalar el carácter incompleto del punto de equilibrio alcanzado en el consenso constitucional. Para cuando el dictador falleció de muerte natural, el empuje democratizador de la oposición antifranquista no alcanzó a promover la total ruptura democrática con el régimen. Antes bien, hubo de contentarse con lograr desplazar a las elites del régimen hacia posiciones de un consenso democrático no muy amplio, pero suficiente.

De resultas de todo lo anterior, el régimen del 78 se configuró como una democracia homologable a las de su entorno, también con las consabidas limitaciones que en otros países eran puestas de manifiesto. El listado es considerable, pero a modo ilustrativo enunciaremos algunas claves sintomáticas de lo perfeccionable de la «democracia realmente existente».

  1. Así, por ejemplo, la incorporación de las mujeres a la política era y sigue siendo en gran medida ampliamente deficitaria (comparativamente, en Suiza, por ejemplo, a pesar del alto grado de participación masculina, no fue antes de 1971 que las mujeres tuvieron igual consideración como sujeto político). Aunque con el paso de los años la situación ha mejorado, lo cierto es que la democracia española dista bastante de haber logrado incluir a las mujeres en su funcionamiento. La carrera militar, los mandos policiales, el poder judicial, las direcciones empresariales, etc, son terrenos todavía enormememtne masculinizados, excluyentes y marcados por una fuerte cultura heteropatriarcal.
  2. La calidad deliberativa en la esfera pública deja mucho que desear, como demuestra la proliferación de la figura del tertuliano o «todólogo», dispuesto a opinar sobre cualquier causa sin el menor conocimiento en la materia. Todo el mundo conoce perfectamente hasta qué punto algunas figuras mediáticas, consideradas por lo general como «líderes de opinión», acaparan espacio comunicativo para difundir mensajes de escasa calidad, cuando no directamente falsos y terjiversadores de la deliberación democrática como es el caso de las fake news. A pesar de los efectos positivos de la revolución digital sobre la comunicación debidos a las redes sociales, los portales informativos, etc., lo cierto es que en tiempos recientes se ha tenido que enfatizar la importancia de insistir en la calidad informativa frente a los bulos (hoax), las fake news antes mencionadas y otras modalidades de lo que se conoce como «infoxicación» (INFOrmación + intoXICACIÓN).
  3. La participación ciudadana directa en las decisiones políticas es otra asignatura pendiente. De acuerdo al artículo 92 de la Constitución, el referendum sobre decisiones políticas de especial trascendencia es consultivo, no vinculante. Y aunque los artículos 151 (estatutos), 167 (referendum facultativo) y 168 (referendum obligatorio) recogen el referendum como vía vinculante para la reforma de los marcos legales, lo cierto es que se priva a la ciudadanía del recurso a plantear votaciones. Esta falta de capacidad ciudadana para incidir de forma directa se encuentra asimismo complicada por la ausencia de un marco participativo robusto en materia de la Iniciativa Legislativa Popular. El rendimiento de cuentas (accountability), en fin, no cuenta en el régimen del 78 con mecanismos equivalentes al referendum revocatorio, el impeachment o el recall. Solo la moción de censura, igualmente limitada por el hecho de tener que ser constructiva resulta destacable al respecto.

Referendums

A lo largo de la historia reciente, en España han tenido lugar cuatro referendums democráticos. El primero de ellos fue el Referéndum de 1976 sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política y puso en marcha el cambio de régimen. Este sería instaurado posteriormente por medio de otra consulta de carácter vinculante: el Referéndum de 1978 para la ratificación de la Constitución española. Con él sería puesto en vigor el marco constitucional actual. Dos referendums más siguieron con posterioridad, a saber: el Referéndum de 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN y el Referéndum de 2005 sobre la Constitución Europea en España. En ambos casos las cuestiones planteadas era de notable relevancia para el destino del país. Sin embargo, constituyen dos excepciones notables en cuatro décadas de historia para las que también cabe destacar sus bajos índices de participación electoral.

Por otra parte, también han sido llevados a cabo una serie de referendums relativos al autogobierno autonómico de Euskadi, Catalunya

, Galiza y Andalucía. Resulta igualmente destacable el hecho de que la participación electoral en los referendums de reforma estatutaria de Catalunya y Andalucía hayan contado con una baja participación electoral. En este sentido bien se puede decir que en su formulación actual, el referendum no constituye una herramienta de participación directa con potencial inclusivo, sino más bien al contrario, tiende a reforzar una cierta pasividad en la ciudadanía debida a la indiferencia o la desafección

Política contenciosa y movimientos sociales

La baja participación refrendataria contrasta en nuestro país con la vitalidad de la participación directa en procesos no institucionalizados. La llamada política contenciosa (contentious politics) de McAdam, Tarrow y Tilly, esto es, la política antagonista, que encuentra su motor en el conflicto instanciado desde la desobediencia civil, tiene en el régimen del 78 un largo recorrido. A lo largo de estas cuatro décadas de democracia en España ha atravesado, de hecho, cuatro olas de movilización impulsada por poderosos movimientos sociales capaces de realizar demostraciones de participación activa de la ciudadanía en las calles muy por encima de otros países de nuestro entorno. Ello tiene su origen muy probablemente en la manera misma en que tuvo que progresar la democratización desde los tiempos de la dictadura, siendo la propia Transición resultado de una gran ola de movilizaciones con origen en remotos ciclos de luchas sociales como la Huelga de Tranvías de Barcelona de 1951 o la Huelgona asturiana del 62

  1. La primera ola de movilizaciones en democracia arranca con los ciclos de luchas opuestos a la reconversión naval y se extiende hasta la campaña por el 0,7% en pro de un presupuesto para la cooperación internacional. Esta ola se despliega a lo largo de diversos ciclos de luchas concatenados en una fase ascendente que pasa por la campaña contra la OTAN, las movilizaciones estudiantiles de 1987, la huelga general del 14D o las protestas contra la Guerra del Golgo de 1991. En el decurso de esta primera ola emergieron con fuerza algunos de los movilientos sociales protagónicos de nuestra vida democrática: el pacifismo, el feminismo, el ecologismo, etc., llevan a cabo en estos años un desarrollo diferenciado y disociado de la política de los partidos a la que tan estrechamente había estado ligada durante la transición.
  2. La segunda ola de movilizaciones no tiene origen en suelo ibérico, sino en la Selva Lacandona de mano del Subcomandante Marcos, pero pronto se desplegó aquí como una ola transnacional de gran impacto: es lo que se dio en llamar altermundialismo o movimiento antiglobalización. Durante esta ola el repertorio modular de la acción colectiva se impulsó sobre las contracumbres, los foros sociales y otrasinstancias de participación no institucionalizada en los regímenes políticos dentro de los cuales tenía lugar. Arrancando con el movimiento zapatista (arraigado en España gracias a las redes de solidaridad con América Latina forjadas en la ola precedente) el movimiento altermundialista progresó en campañas como las marchas europeas contra el paro, la precariedad y la exclusión, para despegar definitivamente en las movilizaciones contra el Banco Mundial y contra la Guerra de Iraq, momento en que fue alcanzado el punto álgido de esta ola. Al tiempo que el altermundialismo se desarrollaba también tenían lugar otros procesos de acción colectiva no institucionalizados como las movilizaciones estudiantiles contra la LOU o ecologistas contra el Prestige. En un marco igualmente contencioso, pero sí, al menos en parte, institucionalizado, encontramos las huelgas generales que tuvieron lugar estos años. Algunas de las elites políticas de reciente incorporación (Ada Colau, Pablo Iglesias, David Fernàndez, Iñigo Errejón, etc.) proceden de esta segunda ola de movilizaciones.
  3. La tercera ola de antagonismos es la que se suele nombrar con el 15M. Sus precedentes están en la fase de mutación repertorial que se da con las campañas de V de Vivienda, Plan Bolonia, etc., y encuentra su principal acontecimiento en el 15M. A él seguirán las distintas «mareas» en favor de los servicios públicos: blanca por la sanidad, verde por la educación, granate de la migración, etc. adiferencia de la ola precedente, en la que había predominado una visión autónoma sobre la política, el 15M acabará declinándose en procesos políticos que han buscado interferir o integrarse en la arena del gobierno reprezsentativo generando un desplazamiento con ello del terreno de la política de partido (party politics) a la política de movimiento (movement politics). Desde el municipalismo de Barcelona en Comú a Podemos o Más País, pasando por la actualización de proyectos políticos con un origen anterior (como la CUP o Izquierda Anticapitalista), es un rasgo característico de esta ola haber puesto en práctica (durante algún tiempo al menos) formas innovadoras de hacer política a las que se ha querido identificar como una «nueva política». Resta todavía por hacer un balance de las mutaciones de la institucionalidad y sus efectos sobre el conjunto del sistema de partidos al que pusieron fin en su configuración bipartidista.
  4. Una cuarta ola de movilizaciones se ha puesto en marcha en tiempos recientes: los ciclos feministas del 8M, La Manada etc, los ecologistas de Fridays for Future, contra el cambio climático, etc., las reinvindicaciones de los pensionistas o del campo ponen de relieve que una nueva generación de activistas toma el relevo en el protagonismo de la política contenciosa y actualiza los movimientos sociales que desde los inicios de la democracia se han ido formando y fortaleciendo hasta el presente.

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