Raimundo Viejo Viñas

Autor, profesor, editor, teórico, ciudadano activo, papá y mucho más.

May

05

Movimientos y «nueva normalidad»


“Ya nada volverá a ser como antes” es el mantra de estos días. Tópico válido para innumerables manifestaciones de la vida pública, en pocos casos va a tener una incidencia mayor que sobre los movimientos sociales y la contienda política. Esto resulta tanto más importante, ya que, en previsión de la crisis en ciernes, parece claro que vuelven los tiempos de la acción colectiva que conocimos entre 2008 y 2014: aplausos en los balcones, huelga de alquileres, etc., una nueva ola de movilizaciones crece al ritmo en que nos vemos arrastrados por los acontecimientos desencadenados por el COVID-19.

Los movimientos sociales son, por definición, una acción colectiva disruptiva, contenciosa, no institucionalizada y sostenida a lo largo del tiempo en el espacio público. Se articulan gracias a lo que las ciencias sociales conocen como repertorios modulares de la acción colectiva, esto es: aquello que sabe hacer la gente que toma parte en un movimiento a fin de expresar sus intereses y que los demás actores implicados en la contienda saben que está en su mano hacer …y harán. Desde una manifestación hasta parar un desahucio, pasando por una recogida de firmas, el repertorio forma parte de los recursos culturales más importantes de que dispone la política de la gente de a pie, poco conocedora de cómo operan la trastienda institucional, los grupos de presión, etc. No por nada la política de movimiento también se conoce como ejercer presión desde abajo o grassroots lobbying.

A lo largo de la historia, si algo han demostrado los movimientos eso ha sido disponer de una extraordinaria capacidad para adaptar los repertorios de acción colectiva a las circunstancias más adversas. Incluso en los regímenes dictatoriales más totalitarios, en los que el control social fue más férreo los movimientos se las compusieron para ejercer el contrapoder civil al poder constituido. Aún es más: precisamente ha sido esa modularidad de los repertorios lo que ha hecho que dispongan de un mayor impacto y control sobre la gestión pública y decisiones políticas. Si algo saben los especialistas en la “política contenciosa” (contentious politics) es que la recombinación innovadora de los repertorios de acción colectiva es la clave del relanzamiento de los ciclos de movilizaciones.

A pesar de que en el contexto actual de confinamiento se pudiese dar la impresión de estar sucediendo lo contrario, lo cierto es que estos días se está desplegando ya a los ojos atentos la recombinación que marcará el nuevo ciclo. Incluso en las condiciones de reducción extrema de la esfera pública a su zona liminal o de frontera entre lo público y lo privado, esto es, a balcones, terrazas, ventanas, etc., lo cierto es que ahí ha pervivido y se redefine hoy la acción colectiva. De la misma manera en que estamos asistiendo a la excepción más prolongada de la historia democrática, asistimos también a una de las demostraciones de acción colectiva sostenidas durante más largo tiempo: puntual cada día, a las ocho de la tarde en los resquicios de la esfera pública, la ciudadanía participa en los aplausos la constituyen como contrapoder público. Desde ahí no solo advierte que entiende a la perfección el carácter contingente del estado de alarma, sino que se plantea hoy nuevas tácticas que se adapten al desconfinamiento. Y si el repertorio está mutando, podemos dar por sentado que “ya nada volverá a ser como antes”.