Raimundo Viejo Viñas

Autor, profesor, editor, teórico, ciudadano activo, papá y mucho más.

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Jun

13

[ es ] Notas del facebook al hilo del debate sobre Podemos


Como ya me han pedido varias veces que reúna mis arroutadas del facebook a modo de post en este blog para mayor accesibilidad, aquí quedan algunas tal y como fueron escritas en un vulgar copiar y pegar. Apenas he añadido algunos títulos para diferenciar cada post singular.

Dos precauciones al respecto, no obstante: la primera, esto no son más que notas, borradores tecleados sobre la marcha (que nadie sea tan tonto como para buscarles una intencionalidad de la que carecen); la segunda, acaso su interés radique, más que nada en el gesto que son, en la sacudida mental que pretenden provocar. Va de suyo que como uno jamás ha escritor para la posteridad, confío al menos que sean de utilidad como una anterioridad cualquiera.

Podemos y la “democracia” de la Restauración


A quienes asocian de manera indefectible las listas abiertas y el consenso con mayor democracia y, por ende, a la crítica del equipo de Podemos con un retroceso en la democratización quizás les vendría bien recordar cuáles eran (y son, por ejemplo, en caso del Senado español) los sistemas en que se funda el gobierno de los notables, la democracia censitaria y la representación de elites. Curiosamente la transacción, el consenso obligado y otras características aducidas en pro de una mayor democratización evocan mucho más, por su diseño institucional, al sistema del turnismo en la Restauración que no a una profundización democrática: ¿será que Podemos ya busca un señor X Cánovas para su Pablo Sagasta?


Podemos y hacerle el juego al régimen

Lo que buena parte de la mejor intencionada gente que participa activamente en los círculos Podemos sigue sin entender es que está configurando su parecer en base a dos supuestos falaces: (1) la posibilidad de elaborar una estrategia sobre fundamentos puramente normativos y (2) la configuración de un marco de interpretación y subjetivación subsiguiente en base al masterframe que imponen los medios del régimen. En tanto no se recapacite sobre esto y se ponga remedio POLITICO (como ha mostrado, por demás, la visión de Pablo y su equipo) reafirmándose el proyecto en su propia autonomía contra el régimen, ya podéis dar por segura una división de tantas inducida, como es habitual, en la lógica de la vieja gramática política: escisiones que apelan a la restitución de la unidad, negociaciones entre facciones, hastío de las personas que no pueden pasar media vida haciendo el capullo en la asamblea del círculo, etc., etc. Si a estas alturas, tras el 15M no se ha entendido esto, ya podemos dar la experiencia por agotada en sus propias limitaciones. Confiemos, por el contrario, en que todavía le quede a la lógica de la ruptura del régimen, alguna que otra estructura de oportunidad con la que sacudir tanta obcecación democratista e inmadurez resultante de tres décadas de despolitización.

Podemos y la escucha

Me llama mucho la atención el siguiente argumento entre lxs partidarixs de más tiempo para el proceso asambleario de Podemos: “queremos que se escuche a todo el mundo”. Realmente es una reivindicación absolutamente fascinante: ¿quién se quiere que escuche? ¿un Pablo, padrecito de todos los círculos, desde un centro de poder o los compas del propio círculo y las gentes que les rodean y ni siquiera están en la movida Podemos? La Escuela de Frankfurt lo pasaría en grande analizando esta lógica psicosocial de las masas y la estructura edípica subyacente. ¿No será que se está buscando en Pablo el sustituto de la figura paterna a la que expresar el berrinche por el mal causado por el régimen (un nuevo padre, pero bueno y protector) antes que tener la madurez de reflexionar sobre el origen de ese mal, su no resolución en el “yo y mi queja” y ponerse desde ya a la búsqueda del otro con el que construir un común? ¿No es acaso en la simbiosis con lxs compas de Podemos y, lo que todavía es más importante, la gente cualquiera más allá de ellos, donde se radica el poder constituyente? ¿O será que preferimos destinar nuestro cahier de doléances a les États généraux reproduciendo con ello la estructura del yo implícito en el príncipe soberano sobre el que se articula la gramática política del individualismo posesivo?

Porfa, que nadie se mosquee, esto solo es una reflexión espontánea realizada en este muro como una nota en un cuaderno. Considérese como lo que es este actuar mío en el Facebook, una apertura a la interpelación que persigue provocar, estimular, agitar, no destruir ni dañar a nadie.

Gracias! 

Podemos, el democratismo y las listas abiertas

Seguimos con los mitos “democratistas”: las listas abiertas como panacea del consensualismo inclusivo o lo que es lo mismo, el derecho de una minoría oportunista (que no ha contribuido a hacer de Podemos lo que es) a poder hacerse con el control y/o chantajear de manera permanente el despliegue de un proceso asambleario que nace de un éxito que no ha producido.

Bajo la excusa, inconsistente por impolítica, de tener que dejar tiempo (al igual que ese pesado que en las asambleas agarra el micro e impone su minoría autoritaria a fuerza de hablar y hablar hasta vaciar la asamblea) hay quien se cree que el “congreso” (pues como acto ideológico reflejo se piensa en términos de constitución de un partido) debe realizarse desde el principio bajo la lógica del pacto, la transacción y la negociación de despachos, en lugar de la contraposición abierta de proyectos. Dicho de otro modo: si tu proyecto es el mismo ¿qué mal te hace que sea este el equipo?, si tu proyecto es otro ¿por qué no lo quieres someter a validación democrática?

Solo desde la farsa pseudodemocrática del oportunismo impolítico que pretende justificarse en simples términos normativos (en el terreno donde todos es posible y maravilloso porque las cosas no son lo que son, sino lo que deberían ser) se comprende el linchamiento del que es objeto el equipo que, ni que sea por su propio éxito, debería ser validado. Claro que, va de suyo, cuando se carecen de las competencias de este equipo, lo que se quiere es convertirse en aquello que Rosa Luxemburgo criticaba a Lenin cuando advertía que el partido de este estaba imbuido del “espíritu del vigilante nocturno” y no de la labor fecunda de la participación política de “las masas” (hoy diríamos, con Spinoza, multitud).

Llama, en fin, la atención que a pesar del boom de crecimiento que está experimentando Podemos postelectoralmente, sea precisamente este el punto sobre el que pivota su agenda actual. En un grado de internismo propio de la esterilización de las organizaciones, el equipo que debería estar articulando el encuentro del otoño, que debería estar dando respuestas a los medios sobre las cuestiones que de verdad importan y que debería estar planteando el derecho a decidir por encima del derecho a heredar la jefatura de Estado, se pasa todo el día teniéndose que justificar ante la alianza de no pocos que seguramente hasta las elecciones no pensaban en Podemos, de quienes desde el comienzo han estado torpedeando el trabajo del equipo de Pablo Iglesias y, mira tú por donde, del grupo PRISA y todos los mass media del régimen que se lo están pasando en grande por haber conseguido poner a Podemos contra las cuerdas gracias a la inmadurez política (y por ende democrática) de unos cuantos en las bases (que no de “las” bases, dado que hasta que no se vote separadamente uno y otro proyecto no será posible saber cuánto de cada cosa hay realmente en toda la retórica democratista).

Esperemos que pase pronto este momento de zozobra y Podemos se ponga a lo que se tiene que poner, que es ofrecer una alternativa (de tantas) al régimen desde la apertura de estructuras de oportunidades que hagan posible la emergencia del poder constituyente. Al fin y al cabo, la política del movimiento no la hace Podemos (que a lo sumo es un cortocircuito en la representación) y no digamos ya, la realización de un proyecto emancipador. Tiempo es de ir dejando atrás la forma partido y el partido-centrismo y de comenzar a plantearnos la institucionalidad otra que jamás nacerá en el seno del sistema electoral y la partitocracia, por más que deban ser saboteados.

Podemos y el democratismo que no cesa

Hartito ya de tanto “democratismo” que no hace otra cosa que ocultar la misma repetida y obsoleta ambición de poder. Es inevitable dada la vieja gramática política todavía presente en las mentes de tantas personas socializadas en las décadas de vida de este régimen. No es casual que, tan pronto se ha generado un “centro de poder” (inevitablemente inducido por la lógica institucional en que opera la forma-Estado) han aparecido las tonalidades ambivalentes de la multitud entre las que — como recordaba Virno– tanto destaca el oportunismo. Ese es el principio, pero también el límite a desbordar por una democratización real.

Quienes aspiren a la democratización deberían redoblar esfuerzos en distinguir los advenedizos, los activistas de nuevo cuño, los profesionales de la revolución. No porque se puedan evitar, no porque no vayan a hacer lo suyo tan pronto puedan, sino porque en sus concepciones se refleja la obsolescencia de lo viejo, la institucionalidad a no instaurar.

En breve veremos si Podemos ha abierto un proceso en efecto constituyente o por el contrario, un cierre constitucionalizador para su propia ruptura. No son pocxs lxs que pensando, acaso bienintencionadamente en la ignorancia de tres décadas de despolitización, que la clave del éxito reside en trasladar a la práctica los fetiches discursivos de la izquierda (la propia idea de izquierda, la unidad, la organización, el consenso, etc.).

Tampoco son pocxs lxs que creen que sin el cierre de Podemos no hay opciones para la ruptura constituyente a mayor escala. Estos, acaso más malintencionados y (de)formados en décadas de resistencialismo, creerán que la labor de Podemos será la de una “palanca” y no la de un “disolvente”, recurrirá a símiles físicos y no químicos en busca de la restitución de un régimen bajo la observancia de la forma-Estado.

Quedamos incluso quienes, con mayor o menor ingenuidad, con mayor o menor identificación, queremos creer la posibilidad de un desbordamiento desbordadante y no un desbordamiento ordenado, pues la experiencia histórica demuestra que si uno no es el cambio que quiere ser, sencillamente será el cambio de sí que otros no han sido.

La hipótesis Podemos cobra hoy mucho más fuerza en el código abierto del “do it yourself” que ha caracterizado el 15M, la PAH y todos los repertorios de éxito, que no en la vuelta a la producción de centros de poder, en el procedimentalismo que se cree fuera de condiciones de posibilidad y estructuras de oportunidad y demás rasgos ideológicos. Cuanto más firme, coherente y sólido sea el príncipe, más poderoso será el devenir multitud del pueblo. Cuanto más pueblo sea la multitud, más fácil lo tendrá el príncipe para fabricarse un orden.

¿Congreso o encuentro?

Ahora que incluso me han ascendido a intelectual de Podemos (lo siento compas, ya sabéis como es la gente) aprovecho para seguir haciendo recomendaciones: ¿Y si la clave del éxito de aquí al otoño no es celebrar un congreso sino encontrarse? ¿Y si no es elegir delegados y votar resoluciones, sino debatir y explicar lo que se hace en otras partes? ¿Y si por las mañanas, por ejemplo, se va cada cual a su ámbito sectorial a hablar con quienes en otros lugares trabajan sobre el mismo tema a ver qué se cuece por otras partes? ¿Y si por las tardes la cosa es verse con lxs compas de nuestra comunidad autónoma y/u otras territorialidades (muncipales, comarcales o las que sean) y ver cómo proseguir la expansión? ¿Y si en lugar de despellejarse por elegir cargos y una dirección se deja que haya un grupete de compas preparados que prosiga facilitando encuentros parecidos, otros específicos, otros en lugares que ni imaginamos? ¿Y si la clave es la difusión rizomática del proyecto y no la reductio ad unum? ¿Y si en lugar de seguir haciendo lo mismo de las últimas décadas cambiamos de partitura?

Vamos, digo por decir, que ya sabéis que lo mío es la teoría política lisérgica y estas cosas solo las escribo para experimentar, cortocircuitar y vacilar al personal (ya sabemos…)


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