Raimundo Viejo Viñas

Profesor, autor, traductor, editor, ciudadano activo y mucho más.

Nov

02

[ es ] Notas de precampaña, 3: ¿Por qué no salen las CUP en las encuestas?



El periódico Ara publica hoy una nueva encuesta sobre las próximas elecciones catalanas. Una vez más volvemos a ver repetidas algunas pautas de encuestas anteriores que prefiguran una serie limitada de resultados posibles, a saber: 

1) si CiU consigue traducir en mayoría (o no) su conversión al independentismo (tendiendo a no),

2) si el PSC se hunde del todo (o no) como parte de la caída generalizada del PSOE en todo el Estado tras las elecciones andaluzas, gallegas y vascas, a la par que como parte de la crisis general del régimen en la que también es penalizado, aunque menos, el PP (tendiendo a sí),

3) si Esquerra se recompone (o no) de sus pérdidas (Reagrupament, SI, Laporta) para blindar la reorientación independentista de CiU tras las elecciones (tendiendo a sí) y 

4) si Cs se refuerza en oposición a esto como contrapunto centrípeto del propio régimen a la tendencia centrífuga que apunta la «esquerrovergencia» (tendiendo a sí) o si

5) ICV rentabiliza la debacle socialista como indicador del descontento social con los recortes y de la capacidad del régimen en vigor para seguir operando como herramienta institucional del mando neoliberal (tendiendo a sí). 

Todo lo demás, se deja fuera del Parlament, esto es, excluido a priori de las opciones presentadas prescriptivamente (que nunca descriptivamente, ya que hablamos de encuestas, no de hechos) como opciones «reales» o «realistas»

Encuestas tengas …y las ganes

Como se puede suponer, esta pauta reiterada en todas las encuestas que niega a las CUP la entrada en el Parlament, ni es una casualidad, ni un epifenómeno mediático, sino que forma parte consustancial de la manera en que se organiza la democracia realmente existente (esa a la que se contrapuso el grito «democracia real ya!» y el «no nos representan!»). Las encuestas son, en la democracia liberal, una herramienta fundamental en la configuración (moldeo) de la opinión y como tal deben ser analizadas. Negar su importancia con un simple «las encuestas manipulan» es un ejercicio tanto o más peligroso que creérselas desde el momento en que así es como quienes se quiere ganar para opciones alternativas configuran su opinión (aunque no debieran, aunque no se crean las encuestas, aunque… etc., etc.).

Al igual que en las anteriores encuestas, la cocina mediática del Ara (tan deficitariamente democrática como cualquier otra para para quienes aspiramos a una democracia real) prefigura una lectura inequívocamente intencional que responde, guste que no, a la propia lógica institucional del régimen (la democracia liberal realmente existente). Sabido es, de hecho, que no hay encuesta neutral y que su presentación al público depende por completo de la intencionalidad política del discurso que se destina a las audiencias (lo que se conoce como enmarcamiento o framing).

Sea como sea, la importancia decisiva, así como el valor político implícito de la presentación de los datos ante la opinión, no es en modo alguno neutral o inintencional. No puede serlo desde el momento en que, como bien explicó el sociólogo I.W. Thomas, «aquello que es considerado como real, es real en sus consecuencias». Y de eso se trata, precisamente, cuando los medios publican encuestas: de hacer creer que estamos ante la «realidad» (si bien, en rigor, sólo estamos ante lo que se nos hace creer como real a la espera de que se haga real por sus consecuencias). Poco importa que todos sepamos que es falso: la clave es destruir la verosimilitud de una información falaz y torticera en favor de la apertura de opciones alternativas a las prefiguradas por el marco interpretativo del régimen.

Invertir la representación

¿Dónde está la trampa mediática y cómo desmontarla? Las encuestas no son más que datos organizados en un discurso político prefigurando cursos de acción intencionales (por prescriptivos). Su empleo y configuración mediática responde a las lógicas institucionales del régimen y, más en concreto, a cómo se articula la representación delegativa (el mandato que, simplificando, deja manos libres al diputado durante cuatro años para que haga lo que considere pertinente). Por eso, si se quiere romper con la maldición de las encuestas (y con ellas romper la representación delegativa) hay que volver las encuestas contra sí mismas, cortocircuitar los procesos de enmarcamiento que organizan a favor del régimen y saber darles respuesta en el marco de la campaña. ¿Y cómo hacer esto?

Para empezar, tomando en cuenta que con márgenes de error del 3% o más (3,7% para la encuesta del Ara, por ejemplo), cuando con un 3% ya se puede entrar en el Parlament, no es en modo alguno una realidad sino la clave que articula un argumento verosímil (que puede ser creído como real). Las CUP, por ejemplo, no deberían contentarse con constatar que ahora se prive a las CUP del beneficio de la duda que en otro momento se concedió a Ciutadans o, más claramente aún, a las escisiones de Esquerra útiles a la derrota del tripartit (SI, Reagrupament, Laporta…).

Al contrario, las CUP han de afrontar una campaña en la que están condenadas de antemano al apagón informativo por la propia dinámica institucional del régimen (lo que incluye a los medios). Y si bien es cierto que en un primer momento se les puede haber abierto cierto espacio como opción novedosa (en la medida en que resuelven un interrogante del pasado: ¿se presentarán o no? ¿qué impacto tendrán?), no es menos cierto que, una vez aclarado esto (las CUP hoy no superan el porcentaje que les evitaría ser borradas de las encuestas), y a pesar de indicadores tan reveladores como los 27.111 avales (que dan a intuir únicamente un potencial), las CUP se arriesgan a hundirse en su propia autorreferencialidad (entre otras cosas aprovechando sus propios errores como ese discurso de autoconsumo del «som unitat popular»).

Combatir el apagón es escapar a la representación

La explicación del apagón tiene un origen claro que es preciso comprender: el mando neoliberal no está interesado en favorecer una ruptura de sus propios dispositivos de control (a comenzar por la representación parlamentaria actual). Muy al contrario, lo único que interesa al régimen es plantear a la ciudadanía el viejo dilema del vota «lo que hay» o abstente para así seguir presentando como legítimos los resultados que convienen. 

Estos resultados, sin embargo, encubren que la abstención es, a menudo, el partido más votado (véase, por ejemplo, el resultado las elecciones gallegas más abajo) y que lo que se llama, equívoca e intencionalmente, «desafección», no es más que una manera de encubrir bajo una misma etiqueta la respuesta de la ciudadanía crítica con el régimen (el «no nos representan!») y la pasividad apolítica (quienes se abstienen por impolíticos). El objetivo, claro, no es otro que desincentivar la oposición política activa al régimen.

La cuestión, por lo tanto, radica en invertir el sentido del mecanismo de la representación para permitir la irrupción de la política de movimiento en el Parlament. En una entrevista reciente, David Fernàndez daba en el clavo al plantear de la siguiente manera esta irrupción: 

…més que representar ningú nosaltres afirmem que són les lluites les que ens representen a nosaltres. Invertim la lògica. A nosaltres ens representen la plataforma d’afectats per la hipoteca, lluites com la defensa de l’ensenyament públic, denuncia com les que fan revistes com “Cafè amb llet” contra l’assalt neoliberal a la sanitat pública…

Como apuntábamos en el anterior post de esta precampaña, las CUP no entrarán en el Parlament por ser la enésima escisión independentista (por muy legítima y coherente que sea su trayectoria histórica, por muy estupendas personas que sean sus candidatos). Las CUP entrarán –si y sólo si– son capaces de articular una multiplicidad de electorados hoy carentes de referente político: los votantes de ICV que no aceptan su subalternidad respecto al régimen (votos unánimes con la derecha a favor del Plan Bolonia, contra el bloqueo del Parlament, etc.), los votantes de Esquerra que temen su deriva derechista y la manera en que ha renunciado a luchar por una independencia real a cambio de una simple «consulta» no vinculante, los abstencionistas que no confían en la partitocracia, etc. 

Para hacer llevar a buen puerto su objetivo, las CUP precisan de un discurso político complejo, muy alejado de su habitual lógica de autoconsumo identitario. Necesitan, asimismo, un uso de las redes sociales y un saber hacer que poco tienen que ver con el militantismo clásico de la Esquerra Independentista. Si tardan en darse cuenta de ello ya pueden dar por buena la selffulfilling prophecy que hoy le lanza la maldición de las encuestas. El apagón se hará realidad. Si, por el contrario, escuchan más allá de su propio mundo, organizando una polifonía compleja y necesaria, el suyo puede ser un exitoso conjuro de la multitud.