Raimundo Viejo Viñas

Profesor, autor, traductor, editor, ciudadano activo y mucho más.

Mar

07

[ es ] La importancia del #multireferendum



Hay gente que cree que la manera de institucionalizar los movimientos sociales es haciendo carteles en las fechas que son emblemáticas para estos. Así, se hace un cartel para el 8 de marzo, otro para el 1 de mayo, otro para la Diada, etc. Es una táctica de marketing bien sencilla, una forma algo tosca de agenciamiento que prentende instalarse en lo políticamente correcto, ya no de cara a los propios movimientos, donde lxs activistas pueden ver con mejores o peores ojos cierta sensibilidad hacia sus causas respectivas, sino, muy especialmente, de cara a un electorado potencial que, bajo la lógica de la desmovilización, el simulacro y la representación característicos de la sociedad del espectáculo, buscan una identificación desde el que Sandel denominaba el «yo-desvinculado». Sucede así que unx puede sentirse a la vez, ecologista, socialista, feminista y todos los -istas que hagan falta, por obra y gracia del partido-marca, sin por ello tener que implicarse lo más mínimo en la democratización que tales -ismos comportan.

Con iniciativas como el #multireferendum, sin embargo, las cosas se le están poniendo cada día más difíciles a estos partidos-marca o maquinarias del agenciamiento representativo. La emergencia de un paradigma de democracia directa, en la que el ejercicio activo de la política se hace insoslayable, conduce a una mutación de subjetividad en el que la capacidad de captura de subjetividad de los partidos-marca se diluye aceleradamente. Pocas organizaciones de partido en la izquierda están comprendiendo esta mutación y, menos todavía, articulando el interfaz sustitutivo que se precisa. Por suerte hay procesos organizativos recientes que avanzan en esta dirección (las primarias de Podemos o del Partido X, por ejemplo, reflejan esta nueva voluntad de articulación más democrática).

Con todo, es un error confiar a la lógica electoral/ista la producción institucional que instaura un nuevo régimen de poder; esta, a lo sumo, puede dar para orquestar una nueva transición a la manera de la anterior, que en poco alcanzaría a modificar de manera sustantiva las relaciones de dominación (de ahí que no pocos de quienes se quieren en los significantes «constituyente», «pueblo», «independencia» etc., resultan perfectamente funcionales a la reproducción de las lógicas de -el régimen de- poder contra las que quieren alzar la misma ola que quieren les impulse -legítimamente- a posiciones más favorables que las que les ha deparado el régimen).

Es por esto que resulta tan decisivo que el esfuerzo activista se centre en iniciativas como el #multireferendum. En procesos así es el propio cuerpo social el que se empodera y sitúa en el centro de la decisión y no deja esta última en las manos de mediadores que, más allá de sus actuales y más que preocupantes déficits en el rendimiento de cuentas, siguen operando en la vieja gramática política que es preciso destruir (la política como un régimen de poder constituido sobre la dominación). Nótese, a pesar de todo, que no estoy planteando una oposición excluyente para con lo viejo que no acaba de morir, sino una progresiva subsunción, un saber intervenir tácticamente en el terreno de lo que viene dado, igualmente, por las asimetrías terribles con que el régimen ha formateado el cuerpo social y que hacen posible, a día de hoy, que tertulianos televisivos sean (también) piezas clave (para bien o para mal) en todo el proceso de cambio al que aspiramos.