Raimundo Viejo Viñas

Profesor, autor, traductor, editor, ciudadano activo y mucho más.

May

13

[ es ] El 15M no es un movimiento: viva el 15M!


Así «informa» esta mañana El País sobre la multitudinaria jornada de ayer: «El 15-M vuelve dos años después con el impulso de mareas y plataformas«. Es un hecho conocido de quienes trabajamos en el estudio de los movimientos sociales que el rotativo madrileño lleva décadas especializado en la producción de marcos interpretativos (frames) cuya único objetivo es desmovilizar. De manera mucho más eficaz que las burdas mentiras neocon de la derecha, El País persiste en ser un medio de orden, por más que sus encantos y habilidades infoxicadoras no sean hoy la décima parte de lo que fueron. 

En efecto, quienes vivimos los ochenta saben de la fascinación que entonces ejercía sobre una buena parte de las cabezas críticas: claro que también eran los tiempos en que sus columnas las escribían Vázquez Montalbán o Haro Tecglén. Por suerte, su tratamiento mediático de América Latina y otros despropósitos recientes han minado la legitimidad que se ganó, acaso inmerecidamente, durante la Transición.

¿Realmente vuelve el 15M? ¿O no será que solo muta?

A lo largo del día de ayer, inducidos por frames tan poco rigurosos como este de El País, no pocas de las personas que encontré en la manifestación (especialmente aquellas que son periodistas) me vinieron con el mismo análisis de lo que estaba pasando; un diagnóstico basado en una falaz métrica cuantitativa y reificadora que intenta siempre leer la política del movimiento por la masividad de ciclos a los que se etiqueta como movimiento tal o movimiento cual. En otras palabras, el 15M sería un «movimiento» (reificación), que ayer fracasaba al tener «menos» gente que en ocasiones anteriores (cuantificación).

Primero, seamos rigurosos: ayer no había menos gente que el 15M (estuve en ambas manifestaciones). Por lo tanto, medir las cosas por comparación a la participación de aquel 15M de 2011 sigue evidenciando que estamos de lleno en una fase alcista de la ola de movilizaciones. Pretender lo contrario, diciendo que el 15M «vuelve» y que lo hace con «menos» gente, es pura demagogia.

Segundo, lo que se identifica como «movimiento 15M», en rigor, no existe. Y ello por el sencillo hecho de que 15M es la fecha de un acontecimiento. Como decía con irónico acierto un amigo: ¿dónde está el acta fundacional de ese «movimiento»? A lo que añado: en efecto, ¿cuándo alguien quiso producir el 15M de manera deliberada y lo consiguió? ¿Acaso no fue que nos lo encontramos? ¿Acaso no hubo, como hubiese dicho Maquiavelo, una parte decisiva de la fortuna en aquel 15M?

Tercero, lo que sí existe es un punto de inflexión definitivo en la ola de movilizaciones, que se venía gestando desde antes (desde V de Vivienda como poco) sobre la base de un profundo cambio repertorial y a partir del 15 de mayo de 2011 se hace no ya solo innegable para quienes conocemos de cerca el movimiento, sino para el conjunto de la sociedad española, tan dada a creerse lo que le cuentan los medios. Con el 15M lo que dio comienzo en el Reino de España fue una ola de movilizaciones que, por cierto, ya venía desplegándose de manera transnacional en el norte de África y prosiguió su camino en los EE.UU. (Occupy Wall Street) o México (#Yosoy132).

Cuarto, como acontecimiento que es y que, por tanto, marca una ruptura y mutación decisiva en la subjetividad, el 15M ganó su batalla, a saber: establecer un nuevo sentido común en la opinión pública (todavía hoy no existe en este régimen partido o institución alguna con capacidad para generar los consensos sociales del 15M). Y como decía el apotegma italiano del 77: «La rivoluzione è finita abbiamo vinto». El 15M hizo su revolución y venció. 

A partir del 15M el movimiento ha venido desplegando esos medusianos tentáculos que son las mareas, las plataformas, las okupaciones y todo el formidable arsenal que constituye hoy, el repertorio de acción colectiva disruptiva y desobediente con el que se define la agencia política del antagonismo en este país (para desesperación, por cierto, de partidos, sindicatos y medios de la izquierda fracasada). 

Por lo tanto no es que el 15M «vuelva», el 15M resuena, sigue haciendo retumbar el eco del acontecimiento, simplemente porque se celebra. Pero sin nostalgias, al menos sin nostalgias para quienes seguimos activxs, para quienes no hemos limitado nuestra comprensión del movimiento a un momento anterior a la recomposición de partidos que ganen elecciones, para quienes seguimos sabiendo decirnos en, por y para el movimiento, de manera autónoma, sin necesidad de recurrir a que nos nombren, ni a nombrarnos; en el mismo anonimato de la multitud que somos. En vano quieran decir que volvemos, siempre seguiremos aquí. Es lo que hay.